Handball en transición: cuando cambia el género pero no la pasión

El handball, a veces, es más inclusivo de lo que aparenta. Esta es la breve historia deportiva de Tomás Díaz, un chico trans que superó todos los prejuicios y juega en el ascenso de la Fe.Me.Bal.

En el último programa de esta temporada de Handball de Primera se abordó el caso de Hannah Mouncey, una chica trans que juega en la selección australiana. En su momento, este caso despertó controversias con respecto a si podría jugar o no con el equipo femenino de su país. Finalmente, la IHF aceptó que pudiera participar de las competencias internacionales con su seleccionado. Pero, ¿por qué traer esto a colación? Bueno, para demostrar que, si bien en muchos aspectos estamos lejos de países como Australia, aquí también hay casos similares: esta es la historia de Tomás Díaz.

Tomás arrancó a jugar hace más de diez años en el club Comunicaciones; en aquel momento, lo hacía con las inferiores damas e incluso con las mayores. Así, él pasó por primera, segunda y tercera damas con las mayores de su cuadro. Hacia finales del 2015 le comentó a su equipo que dejaría de jugar con ellas, puesto que comenzaría a transicionar.

Hacia comienzos del 2018, Tomás regresó a las canchas para comenzar la pretemporada con el equipo masculino de la misma institución.

Así, él nos contó sobre su experiencia, cómo vivió el volver a jugar en el mismo club, pero ahora con los varones: “Fue bastante movilizador. Me costó mucho. Tuve un proceso previo de miedo antes de empezar, porque lo dilaté bastante por una cuestión de inferioridad física. Tuve que superar eso con gimnasio, mucho gimnasio. Por suerte, tuve el apoyo de mi entrenador, Facundo Álvarez, quien en su momento también era mi DT con las mujeres. Tuve el apoyo de él en todo momento, también el de la comisión del club, obviamente los que sabían del tema, y de los que me conocían de antes, incluso. Ellos no hicieron ninguna diferencia, que eso es básico y por lo que yo no quise decir nada desde el minuto cero, para que no haya ninguna contemplación”. De por sí, su técnico le había dicho de volver un año antes, cuando tomó el mando de Comunicaciones B.

Asimismo, Tomás rescató que los compañeros que sabían lo que había atravesado no hicieron ninguna diferencia con él: “Trataron de ayudarme en lo que pudieron. Después es cuestión de uno mismo, de tratar de amoldarse a la situación”. También nos comentó cómo fue su relación con algunos compañeros que no lo conocían desde antes: “Hubieron ciertos jugadores con los que sentí confianza, que no me conocían. Porque, obviamente, siempre está la pregunta de: ‘¿Vos dónde jugaste? ¿En qué club? ¿Jugaste alguna vez al handball?’. La realidad es que había vestigios de que alguna vez había jugado, aunque, claramente, no era lo mismo. Con los que sentí confianza o me dieron la confianza para poder contarlo en algún momento particular, lo hablé; al principio no lo podían creer”.

Volver a jugar requirió un esfuerzo físico importante de parte de Tomás: “Mucho gimnasio, mucho gimnasio. Cuando comencé no iba nunca. Faltando dos meses para la pretemporada, empecé a ir al gimnasio todos los días y al día de hoy lo mantengo”. De esta manera, no sufrió tanto su regreso al 40×20.

Además, hablamos respecto del cambio que hubo a nivel de juego: “Y… el handball es totalmente diferente. De lo que jugaba antes a lo que juego ahora se nota una diferencia abismal, tanto en lo físico, como en el juego. Es como que el handball de los hombres es más ‘coreografiado’ y el de las mujeres es mucho más ‘sucio’, por así decirlo“. Como dijimos, Tomás conoció una parte importante del ascenso femenino y este año jugó en quinta caballeros, a lo que afirma que para él se sintió “definitivamente en otro nivel, porque muchas veces me ha pasado de decir: ‘Si yo estuviese jugando ahora con las chicas… wow, sobresaldría mucho’; porque es totalmente diferente, es muy intenso, muy intenso“. Esto último también se debió a que las mayores de Comunicaciones descendieron a cuarta y él, siendo amigo de muchas de sus ex compañeras, estuvo presente apoyando a las chicas (y, en algún punto, se “lamentaba” por no poder ayudarlas).

Con respecto a qué trámites tuvo que realizar para poder jugar, él nos contó que: “Yo, por suerte, no tuve que hacer nada. De todo se encargó Adolfo (Panelo), que es uno de los padres de la comisión. Él fue a Fe.Me.Bal e hizo todos los cambios. Yo solo tuve que presentar mi DNI, pero fue algo fácil, sencillo y sin ningún tipo de problema“.

En este sentido, acerca de la inclusión de personas trans en el deporte, Tomás nos decía: “Suelo hablar abiertamente en varios grupos de Facebook en los que estoy, en donde hay una mayoría de chicos trans. Hablo con libertad porque creo que soy el único trans en esta federación. La verdad no sé si hay más federados en handball, pero hasta ahora tenía entendido que soy el único. La otra vez, un chico que quiere jugar me preguntó si hay algún problema, si es difícil. Está también el tema del rugby, que hay muchos que quieren jugar y les da miedo“.

A partir de esto, nos comentó su opinión en la formación de ligas “paralelas” como las que han aparecido en el rugby: “No sé si está bueno hacer ligas para diferenciar; somos personas que se adaptan a un sexo diferente. Está en la mentalidad de cada uno de poder superarlo. El miedo siempre está, pero hay que animarse. Va a doler, va a doler dejar un lado para ir a otro“.

Algo negativo dentro de lo que él toma como una experiencia positiva a grandes rasgos, nos comentó sobre un inconveniente que le gustaría que cambiara: la falta de privacidad en los vestuarios. “A mí me cuesta particularmente, desde lo personal, entrar a un vestuario. Porque, lamentablemente, ninguno de los vestuarios de hombres está preparado para alguien con mis condiciones físicas, en las cuales no puedo estar mostrando mi intimidad. No hay una cortina, en ninguno de los clubes que fui, en todo Buenos Aires, no hay una cortina. Uno a veces necesita su privacidad, en mi caso por una cuestión física, en otros por una razón diferente. A veces, uno no tiene por qué mostrarse“, afirmó.

A pesar de esto, Tomás se mostró feliz por su experiencia en este año de regreso al handball e intenta animar a otros chicos trans a que puedan integrarse en los clubes. Lo que su historia nos muestra es que estamos preparados para la inclusión de personas trans en el deporte. No debemos tomar el caso australiano como algo lejano, sino como una realidad a la que nuestras instituciones (como Comunicaciones y Fe.Me.Bal.) se adaptan y, en este caso, demostraron estar a la altura.

 

Foto: Natasha Ruiz

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