El legado del ascenso

Antes que nada pido disculpas a los que busquen en esta nota una de nuestras habituales crónicas de ascenso. Esta vez pecaré de parcial, pero sé que muchas personas de nuestro handball se van a sentir identificadas con esta historia.

La Municipalidad de San Miguel descendió de la Liga de Honor Damas en julio de 2016. No lo puedo chequear porque no está la tabla, pero en el segundo semestre terminamos últimas. En el 2017 tuvimos que rearmarnos de nuevo. Afrontamos un torneo largo y terminamos salvándonos del descenso a Segunda agónicamente, en un partido durísimo contra Estrella de Boedo. Sin embargo, el año terminó con una buena noticia: el ascenso histórico de las inferiores a la B. Y eso, es el principio de esta nueva fase.

El 2018 empezó allá lejos, en enero. La incorporación de un preparador físico, no solamente para Mayores, sino para todas las categorías, ya nos predisponía para buscar un objetivo más allá de la permanencia. La pretemporada fue muy fuerte, pero no había alternativa: la buena preparación física se ha vuelto un elemento indispensable en el handball argentino. Se sumaron juniors, incluso también juveniles, y en algún momento del año entendimos que si cada una cumplía su rol podían pasar cosas buenas.

Entrenamos. Con lluvia, con frío, con calor, en el gimnasio, en la cancha o en el corredor, lunes, miércoles, viernes, algún sábado, muchos feriados. Por suerte, desde hace dos años contamos con un espacio techado para no perder horas de entrenamiento. Bueno, en realidad no es “por suerte”, sino por el trabajo de los padres que conforman la Comisión de Handball y tantos otros que colaboran. Por eso también podemos jugar en la misma cancha en la que entrenamos y no tenemos que ir a Juventud Unida, como pasaba antes.

El torneo de Primera Damas fue una locura: a excepción de Sedalo, líder indiscutido de la categoría, los resultados eran una incógnita permanente. Terminamos el Apertura terceras, un punto abajo de Quilmes. Así como vencimos contundentemente al subcampeón, perdimos con UAI Urquiza que estuvo peleando el descenso. Aún así, para el inicio del Clausura el objetivo estaba claro: siendo regulares podíamos aspirar al segundo puesto de la tabla general. Llegamos a mitad del torneo con una buena diferencia de puntos a nuestro favor pero empezamos a fallar en la definición de los partidos: caímos por uno con Juventud Unida, Estudiantes B nos empató en el último segundo y volvimos a perder en el final contra Sagrado Corazón, que se había convertido en uno de los rivales directos.

Le ganamos a Huracán, después a Estrella de Boedo en un partido muy áspero y a Ballester por la mínima. Para esa altura las cuentas ya estaban hechas: Villa Modelo nos comía los talones y necesitábamos sacar por lo menos un empate contra las bicampeonas invictas. Parecía misión imposible. Encima, el encuentro con Sedalo estaba programado para el sábado del primer Superclásico, ese de la tormenta que provocó un corte de luz general en San Miguel y obligó a suspender el cotejo. Por eso terminamos jugando un miércoles a la noche, con el aliento de todas las chicas de inferiores del club.

Nos convencimos, no sé cómo. Entramos a la cancha de la mano con los minis. Con mucho ruido, bombos, gritos, con globos celestes y negros, con tensión y concentración. Defendimos como nunca y la pelota, esta vez sí, estuvo de nuestro lado. Ganamos 18-16 y, por primera vez en todo el año, realmente nos sentimos muy cerca de la Liga de Honor. Tres días después, cerramos lo que habíamos empezado en enero, ganándole a Quilmes y sellando el ascenso.

¿Por qué escribí al principio que había muchos que podían sentirse identificados? Porque estoy convencida de que lo más importante de todo esto es el amor al deporte y el sentido de pertenencia que genera en los más chicos ser parte de una experiencia así. Porque pudieron festejar con nosotras en la cancha y porque van a poder ver a varias de las chicas de las inferiores en Liga. En la Muni, como en tantos otros clubes, hoy se trabaja pensando en el futuro. Si eso puede estar acompañado de estos momentos, a los más grandes solamente nos queda disfrutar.

Plantel: Agustina Tobares, Analía González, Brenda de Paula, Camila Conte, Candela Ojeda, Luciana Casas, Luciana Quiroz, Malvina Rodríguez, Micaela Quiroz, Paula Visentín, Rosario Fabrizio, Ruth Quiroga, Stefanía León, Yesica Heredia.
Entrenador: Javier Lopes.
Preparador Físico: Nahuel Derfler.

Stefanía León

Tesista de Ciencias de la Comunicación en U.B.A. y jugadora de Handball en la Municipalidad de San Miguel. Obsesiva de las redes sociales, buscando innovar siempre. Ex C5N y abriendo camino en A.F.A.