#Entrevista2 Juan Bar: “La actitud ganadora de este grupo no se negocia”

La Universidad de Luján cerró su 2018 con el título en el Súper 4. Antes, había sido campeón del Nacional. Y, como siempre, el arquero Juan Bar fue figura en ambas definiciones. Ahora, es uno de los cuatro porteros preseleccionados por Manolo Cadenas para el Mundial 2019.

 

– ¿Imaginabas este final de año consagratorio?
– No sé si imaginaba este fin de año tal cual se dio, lo que sí imaginaba era que este grupo iba a pelear todos los torneos. Y así fue: peleamos los cuatro torneos que jugamos y ganamos dos. Fue un golpe duro perder tanto el Apertura como el Clausura metropolitano, pero también fue una linda alegría haber ganado el nacional y el Súper 4 para coronar el año y tomar un poco de revancha del torneo perdido.

– Contame sobre tus etapas anteriores: Polvorines, Bologna United Handball, Soc. Dep. Teucro…
– Arranqué jugando a los nueve años en el club SAG de Polvorines. Ahí llegué a través de un profesor de colegio de la zona de Florida que era entrenador de minis ahí. Hice todas las inferiores, hasta el 2008. Ya en el 2004, siendo juvenil primer año, y de la mano de Guillermo Milano, debuté en Liga de Honor. También tuve la suerte de jugar el primer mundial juvenil de la historia en Qatar 2005 y luego repetí en el mundial Macedonia 2007. Y fue a raíz de ese mundial que decidí irme a jugar a Europa. Siendo muy joven me fui al Bologna United en Italia, un gran equipo que peleaba siempre arriba e incluso disputaba algunas competencias europeas. Fueron cuatro años excelentes y de mucho crecimiento. En el 2012 decidí cambiar de aire, y de país, y me fui a España, a un club histórico del balonmano como es el Teucro. Fue también una experiencia enriquecedora y hermosa. Ya en el 2014, después de seis temporadas, decidí pegar la vuelta, también porque tenía una lesión en la rodilla. Eso me hizo pensar que tenía que parar la pelota y volver a empezar.

– ¿Quiénes fueron los que más influyeron en tu puesto?
– Creo que todos los entrenadores que tuve me influyeron y me enseñaron cosas y me ayudaron a crecer. Después he aprendido de muchos arqueros, algunos con los que tuve la suerte de compartir arco y otros que he visto siempre por la tele. Siempre miré muchas cosas de Matías Schulz, grandísimo arquero, también de Gabriel y Christian Canzoniero. De afuera siempre miré a Omeyer, Landin, Sterbik, Szmal. Pero también he aprendido mucho de arqueros no tan conocidos. Hay que mirar mucho y aprender de todos, la técnica se puede aprender y adaptar a cada uno.

– ¿Qué destacás del año de UNLu y de las tres finales que jugaron en este Súper 4 frente a Lomas, Sedalo y Ballester?
Creo que UNLu fue, sin dudas, el equipo más regular del año y el equipo que siempre se mantuvo arriba. No pudimos ganar los cuatro torneos, pero los peleamos y eso es lo importante y lo más difícil: mantenerse. Creo que tuvimos un ataque muy bueno y por momentos una defensa implacable, pero por otros momentos bajamos el nivel defensivo. La actitud ganadora es algo que este grupo no negocia: podemos jugar mejor o peor, pero la actitud y el hambre no se negocia, y eso es algo súper positivo. Respecto a este Súper 4, creo que lo encaramos de la mejor manera aún sabiendo que llegábamos sin jugadores claves para nuestro equipo, pero esto no nos permitió relajarnos. Fueron todos encuentros duros: Lomas nos planteó un partido muy jodido, igual que Sedalo, y Ballester estuvo muy cerca de ganarnos, pero supimos reinventarnos y sacar el partido adelante. Fue un torneo muy difícil y peleado pero muy disfrutado.

– Compartís equipo con figuras de trayectoria, pero también con pibes del club que aparecieron en momentos apropiados…
– UNLu hace varios años que viene siendo un equipo de mucho renombre. Hemos ganado todo y siempre con jugadores de alto nivel. Este año, con la llegada de Elio (Fernández) y el crecimiento de muchos pibes que vienen de abajo, los más chicos se empezaron de a poco a amalgamar en el equipo, cosa muy importante y necesaria. En el momento en que el partido se ponía más complicado por las rojas y las lesiones aparecieron algunos de esos pibes que nos dieron aire y goles. La verdad me pone muy contento porque son pibes que trabajan muy duro para poder mejorar.

 

– Elio Fernández merece un párrafo aparte. ¿Cuánto aportó desde lo técnico/táctico y desde lo humano?
– Elio ha traído un aire nuevo al equipo que era muy necesario, es un entrenador de mucho trabajo y de mucho esfuerzo, eso es algo que le ha hecho muy bien al equipo. En el aspecto del juego, ha traído un sistema nuevo al que tuvimos que adaptarnos y una idea totalmente distinta de la que veníamos jugando. En lo personal es un tipo muy querido, respetado, y conocido ya por la mayoría de nosotros.

– Con 31 años parece que las ganas y la experiencia han encontrado el equilibrio, ¿cómo lo ves vos?
– Dicen que la mejor edad del arquero va desde los 30 y pico hasta casi los 40. Es posible que haya encontrado un buen equilibrio en este momento: realmente trabajo mucho en lo físico para poder estar bien, no soy una persona dotada físicamente, o sea que si o si necesito trabajo. La experiencia se va adquiriendo con tiempo y partidos.

– Detrás tuyo tenés únicamente el arco y la red. ¿Qué tipo de personalidad debe tener un arquero?
Creo que lo más importante del arquero es la cabeza, la psicología. Ser fuerte de la cabeza compensa cualquier otra deficiencia que puedas tener. Después están las ganas que uno tenga de mejorar y el esfuerzo que esté dispuesto a realizar para poder crecer, yo siempre estuve dispuesto a esforzarme al 100% en cada momento y dejar todo por esta locura.

– ¿Para qué está UNLu de cara a lo que se viene?
– Creo que UNLu todavía tiene un techo bastante alto. Podemos seguir creciendo y la inclusión de pibes jóvenes que pueden aportar cosas me entusiasma mucho. Nuestro objetivo y nuestro sueño está puesto en el panamericano de clubes del año próximo, aunque sabemos que es muy difícil, pero nadie nos puede impedir soñar.

– ¿Un sueño en lo deportivo?
– Mi sueño deportivo es poder seguir disfrutando de este deporte al máximo nivel y seguir teniendo siempre la esencia de aquel pibe que empezó a jugar en Polvorines a los nueve años.

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