Milagros del amateurismo

El handball nos regaló un fin de semana de partidas y revanchas superclásicas, esas entre argentinos y brasileños que tanto nos gustan. Sin embargo, para lamento albiceleste, no pudo ser para nuestros representantes en tierras extranjeras que, pese a los resultados finales, sí debieran llevarse un premio: el de disimular como ningún otro el amateurismo que rige el país.

Unlu arañó el máximo título continental, por momentos hasta pudo olfatearlo, pero Taubaté sigue siendo Taubaté. Los paulistas se adjudicaron nuevamente el trofeo continental y dejaron a los argentinos con las ganas. Si bien los dirigidos por Elio Fernández supieron pisarle los talones al hexacampeón, la intensidad y la constancia brasileña en ambos tiempos dejaron en claro que el nivel es otro. Por su parte, Pinheiros, con sed de revancha, le prohibió el podio a un Ballester que, días atrás, le había ganado contra todos los pronósticos.

En fin, si somos amateurs, que no se note.

Qué pudo haber sido si…

Respecto a la final per se, si nos ponemos exquisitos, podría decirse que Unlu pagó caras varias imprecisiones en el armado de juego y los lanzamientos al arco. Un par de penales errados y una defensa desdibujada en el primer tiempo (lejos de ser así en el segundo). Así y todo, en el tablero supo mantenerse tres goles abajo, la gran mayoría del partido.

Entonces, pensándolo bien, si el equipo hubiese estado aún más fino -porque contra profesionales hay que estar 110 por ciento finos, mínimo-, quien sacara el boleto al Super Globe podría haber sido el conjunto de San Fernando. Leyéndolo suena fácil porque, claro, con el diario de los lunes todos somos expertos y hasta visionarios.

Podría decirse que especular sobre hechos que no fueron no tiene sentido, que el título ya tiene dueño y que a Arabia Saudita no irán delegaciones celestes y blancas. Pero haber logrado un subcampeonato y un triunfo frente a un equipo profesional inevitablemente obliga a imaginar el qué pudo haber sido si…

Por ejemplo: qué pudo haber sido si a la dupla Fernández-Fernández gladiadora, Federico desde su liderazgo y el brazo endemoniado de Juan Pablo (sino pregúntele a Guilherme Valadao Gama y su bien mostrada tarjeta roja), la efectividad de Ignacio Pizarro y el buen pasar de Lucas Acetti, se le sumaba el ingrediente fundamental Federico Pizarro y un Juan Bar con los diez dedos sanos.

Lo esperanzador de este qué pudo haber sido si, es que el resultado final nos llega a ilusionar con un Mundial de Clubes y no con una simple derrota digna. Ya no se trata de acortar la diferencia, es sino de competir de igual a igual contra tipos cuyo trabajo es el handball. Cómo llegaron Unlu y Ballester, carentes de una infraestructura deportiva similar, hasta esta instancia, no tengo idea. Quién pueda iluminarme es más que bienvenido. Mientras tanto, lo voy a atribuir a alguna fuerza sobrenatural del y sobre el jugador, al menos, hasta que el handball nacional empiece a ser, desde arriba para abajo, un poco menos amateur.

 

Fotos: Handebol Taubaté Facebook

 

 

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