Entrevista2: Sebastián Simonet

Uno de los referentes de Los Gladiadores, integrante del Ademar León con el que disputa la Liga Asobal y la Champions, señala sobre su rol en la Selección: “Creo que puede ser otra gran oportunidad de demostrar toda la experiencia que fui ganando estos años y, junto a la complicidad que tengo con la mayoría de los jugadores, volcarla en el 40×20. Ojalá volvamos a nuestras casas muertos, pero felices”.

– Naciste con una pelota de handball en la mano. Contame acerca de tus inicios y aquellos años en SAG Ballester.
– Yo diría que nací con una pelota abajo del brazo, más que una de Handball. En mi casa todo era juegos y un barril de construcción lleno de pelotas de todos los deportes. Desde voley, pasando por la natación, con fútbol 11 y 5 incluidos, y terminando en handball. Empecé jugando en Ferro y, por muchos años, me creí que había sido de casualidad, porque esa reunión de Socios Vitalicios a la que fue mi papá (Luis) seguramente nunca existió y menos coincidió con el horario de entrenamiento de los Mini en el playón. Nos mudamos de la Capital e ir todos los días a Caballito era una aventura eterna. Ahí empezamos en Ballester.

– ¿Cómo aprendiste a explotar tus condiciones? ¿Quiénes influyeron en tu crecimiento deportivo?
– No fue fácil. De chico no era ni alto, ni rápido, ni ágil. Siempre fui muy prolijo y me gustaba dar ese pase de gol antes que ese tiro al ángulo. Algún que otro año fui suplente de extremo derecho, y no porque me gustara. Un verano, si no me equivoco fue mi último año de menor, volví con varios centímetros de más y la historia cambió.
Sin lugar a dudas, mis papás fueron importantísimos en mi crecimiento físico. Siempre se preocuparon mucho por nuestra alimentación y el descanso (que ahora es toda una ciencia, pero hace 30 años no muchos lo hacían a tal punto), y nos llevaron a todos los partidos de todas las disciplinas que teníamos por todo el conurbano bonaerense.
Aprendí a divertirme, a jugar, a competir y hasta a formar parte de una selección nacional (cadete) antes de conocer el verdadero handball, eso vino mas tarde.

Foto: Clarín.

– Llegaste muy joven a Europa, donde jugaste en el J.D. Arrate y luego en el Torrevieja. ¿Cómo fue tu adaptación?
– A los 17, y sin haber terminado el colegio todavía, me surgió la posibilidad de irme a jugar al Arrate como juvenil, y lo dudé muy poco. Mi familia y el colegio ayudaron a que inicie mi carrera como deportista desde muy temprano, y se los agradezco muchísimo. La adaptación no fue la más placentera, sobre todo en Eibar. Viví un año en una pensión Universitaria, donde compartía habitación con un uruguayo 15 años mayor que yo y que estudiaba informática. Entrenaba todos los días y tenía que volver corriendo porque me cerraba el comedor de la universidad y si no llegaba me daban pan con sopa para cenar (la cual tuve que comer varias veces por presentarme 20:31hs). Mis 100 euros de sueldo no daban para mucho más. Pero ahí conocí el handball. Cambié físicamente, pero especialmente cambié de mentalidad. Quería dedicarme a eso, y había conocido la única forma para un tipo como yo de llegar: entrenarme profesionalmente. La adaptación en Torrevieja fue mucho más sencilla. Ya tenía un departamento para mí, compañeros que estaban en la misma que yo, y un entrenador que se desvivía y realmente se preocupaba por nosotros para que seamos mejores cada día.

– ¿Qué incorporaste en esa primera etapa en España?
– Como te decía antes, lo primero que vi y aprendí fue que tenía que cambiar mi cabeza y mi forma de jugar para ser un buen jugador. Me costaba meter un gol hasta de contraataque, y sigo pensando que alguna que otra vez me lo dejaban meter para no darles lástima. Hacer jugar, controlar tiempos, buscar puntos débiles y momentos para atacar. Aprender a defender, que hasta ese momento nadie me había enseñado. Poco a poco me iba llenando de conocimientos tácticos y técnicos y lo mejor de todo es que me sentía capaz de aplicarlos y demostrarlos en una cancha. El mundial de Suecia y mi último año en Torrevieja fueron una muestra de ello. Me sentía dueño del ataque y controlaba los momentos y las tomas de decisiones con naturalidad.


– Con el salto a Francia, específicamente al US Ivry, ¿encontraste diferencias con el juego español? ¿Cuáles?

– Muchas. Un juego más físico, más de abrir espacios para ir a jugar un 1 vs 1, transiciones mucho más rápidas. Un handball más espectacular, menos matemático pero con un país y una liga que estaban haciendo todo bien para evolucionar y marcar una época. Hoy en día, el mejor país para jugar al handball, sin dudas, es Francia. Metió a tres de los cuatro equipos en la Final 4, es campeón de todo a nivel selecciones y, como si fuera poco, en ambas ramas últimamente.


– ¿Cómo fue integrar la Selección la primera vez que fuiste convocado?

– Fui el último descarte para el Mundial del 2005, donde Jordi era el entrenador. No dejó de ser un golpe duro, pero sabía que me iba a llegar. Al año siguiente tuve una lesión en el escafoides del pie derecho y tardé 11 meses en volver a jugar. Me perdí unos Juegos en Río, el Mundial Adulto en Alemania 2007, al que fui pero no pude jugar, el Mundial Junior, el Panamericano Junior y una temporada entera con el Torrevieja. Así que mi primer torneo oficial fue el Panamericano de San Pablo con Dady (Gallardo). Y aunque me acuerde más de ese torneo por haber terminado en el hospital inconsciente que por lo deportivo, siempre va a ser especial.

Foto: Confederación Argentina de Handball.


– ¿Sentís que hoy sos un referente con tantos partidos en Los Gladiadores?

– Sí. Soy parte de un grupo de jugadores que lleva mucho tiempo jugando juntos y pasamos por los momentos más importantes de nuestro deporte. Desde hace un par de años, me toca ser el segundo capitán, y en algún partido que Gonza (Carou) no ha estado me puse la banda. Eso es un orgullo. Ser un referente no es fácil y hay que asumirlo. Con actos sobre todo. Cada error vale doble y, sobre todo para los que van empezando, uno tiene que ser un guía, un apoyo, sin dejar de ser compañero. Todos los chicos que se han sumado los últimos años vinieron con muchas ganas de aprender y aportar, y el ambiente que respiré en la selección desde que me tocó entrar siempre fue de armonía y de mucho respeto. Hay que agradecerle a los cuerpos técnicos y a los más grandes por eso, antes esto era una utopía.


– ¿Qué dejó la semana que practicaron en Francia y el trabajo hecho en los dos amistosos?

– Dejó muy buenas sensaciones. Una defensa ordenada y con sus consignas claras. Un ataque eficaz, en búsqueda de mayor simpleza que en los torneos anteriores. Pero tanto en los entrenamientos como en los amistosos no se dejaron de probar cosas nuevas. Me gustó mucho el aporte de James (Lewis Parker), la aparición de Fabricio (Casanova), y el buen momento de varios de los chicos que vienen demostrando estar a un nivel muy alto. Juntarse aunque sea unos días siempre es bueno. Recordar conceptos, aplicarlos y poder compartir momentos con amigos, siempre suma.


– Compartís equipo con otros argentinos en el Ademar León. ¿Facilita eso la convivencia en el exterior? ¿En cuánto influye en el juego?

– Sí, ayuda mucho y más cuando son grandes amigos. Con Fede (Vieyra) y su mujer nos conocemos hace muchísimo tiempo, y hemos compartido demasiadas cosas, y que además esté Gonza, que es un tipazo, y su familia de la cual somos muy amigos, hace que nos sintamos como en casa en muchos momentos. El vestuario tiene un aire Argentino ya, aunque muchas veces se nos escape algún “Vale”, “tío o “no me jodas”. En el juego influye mucho, más que nada el conocerse hace tanto tiempo, no tanto de dónde venimos. Jugadas que marcamos con la cara o un movimiento minúsculo de dedos, asociaciones y picardías que con otros jugadores no te animás a hacer. Son cosas que para el ojo común pasan desapercibidas, pero que a veces te dan un partido.


– Vienen con mucho trajín entre Champions y Liga Asobal, ¿cuáles son los objetivos en ambas competencias?

– En la Champions nos propusimos, como el año pasado, intentar pasar el grupo. Por ahora venimos bien, aunque nos quedan cuatro partidos importantísimos y vitales. En liga, por lo menos hasta diciembre, queremos quedar entre los cuatro primeros para poder tener un pasaje a la Copa Asobal. Una vez que empiece la segunda parte de la temporada, con menos carga de partidos, intentaremos meternos más arriba en la tabla. Por ahora estamos dentro de los objetivos, pero dos partidos malos seguidos te dejan en el abismo.


– Rafa Guijosa en el Ademar León, y Manolo Cadenas en la Selección Argentina, son tus técnicos actuales. ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian en la forma de trabajar?

– En común tienen esa intensidad y esa pasión por querer ser mejores, tanto ellos como sus jugadores, el competir y entrenar siempre al 100%, nunca dejarse nada. Lo transmiten con facilidad y es algo que el jugador agradece. Por suerte, en ataque tienen un estilo bastante parecido y no es difícil pasar de un chip al otro. En defensa sí que hay diferencias más marcadas, donde proponen cosas distintas, aunque creo que lo hacen por el físico y estilo de juego de cada uno de sus jugadores.

Foto: Qatar 2015


– A partir de enero comienza el Mundial Alemania/Dinamarca, y un nuevo sueño que se convertirá en objetivo para Los Gladiadores. ¿Cómo ves esta oportunidad, a nivel personal y grupal?

– Es una gran oportunidad para este equipo. Después de un mundial de Francia donde nos fuimos todos con un sabor muy amargo, tenemos la chance de redimirnos y poder mostrar nuestro potencial otra vez frente a los grandes equipos. Como nos pasó en el 2017, tenemos un grupo que te permite quedar desde segundo, y si te descuidás, hasta sexto. Entonces tenemos que ir con los pies sobre la tierra, centrarnos en ir partido a partido, y competir con mucha humildad. Somos capaces de ganarle a cualquier de los del grupo, lo sabemos, pero también de perder por 10 con cualquiera si no estamos metidos. A nivel personal creo que puede ser otra gran oportunidad de demostrar toda la experiencia que fui ganando estos años ,y junto a la complicidad que tengo con la mayoría de los jugadores, volcarla en el 40×20. No sé si jugaré algún mundial más, y le tengo muchas ganas. Ojalá termine lo más tarde posible, y volvamos a nuestras casas muertos pero felices.