#Entrevista2: Eric Gull

– Flaco, ¿cuándo te empezaste a convertir en jugador de handball?

– Jugador de handball siempre fui, desde que agarré la pelota el primer día. Porque no tiene que ver el nivel con lo que uno siente. O sea, yo quería jugar handball, a pesar de sentir que era malísimo.

– ¿Cuáles fueron los objetivos en aquellos primeros años juveniles en el Club Alemán de Quilmes?

– Los primeros años en cadetes y juveniles fueron durísimos porque estudiaba de noche, casi no entrenaba – iba una vez por semana – así que físicamente estaba fuera de estado. Era flaquito, alto y no metía un gol. Pero al menos tenía un grupo de amigos. En juveniles empecé a entrenar un poco más en serio, porque me pasé a la mañana y ahí comencé a andar mejor. Cada vez le daba más, más y más. Siempre me gustó el handball, pero yendo al colegio a la noche se hacía casi imposible.

– A medida que avanzaste en categorías cada vez más competitivas, fuiste haciendo hincapié en la preparación física. ¿Cómo?

– En la parte física mejoré un poco con Cocho (López) y después en la Selección, porque fue ahí donde di el salto de calidad. Cuando llegué a la Selección medía 2.02 metros y pesaba 76 kg, y no levantaba nada, hacía sentadillas con un palo de escobas los primeros días, más que nada para poder coordinar, porque nunca habíamos trabajado en Quilmes de esa manera. Al comienzo me costó horrores, ya que estaba muy lejos del nivel de mis compañeros, pero al entrenar, comer y dormir todos los días, fui poniéndome a tono. Calculá que concentrábamos de lunes a viernes, éramos un grupito que había llevado Enrique Menéndez y los que podíamos estar durmiendo ahí nos levantábamos a las 7 de la mañana, hacíamos 10 km, pesas, desayuno, handball, técnica individual. Siesta de Padre y Señor nuestro para seguir entrenando fuerte a la noche, cuando llegaban los de la Mayor y ahí estábamos los juniors que nos sumamos a la Selección.

– En los primeros años de mayores tuviste a Enrique Menéndez como técnico. ¿Qué cosas aprendiste de él?

– Enrique me dio un montón de cosas. Mucho trabajo individual y técnico. Fue el tipo que más estuvo encima mío para que yo pudiese crecer físicamente, que más paciencia me tenía, con los berrinches que me agarraban cuando las cosas no me salían. Muchas veces mis compañeros entrenaban para que yo mejorase, hacían entrenamientos específicos para mí, ellos estaban ayudándome, algo fundamental, y eso lo agradezco siempre. De Enrique aprendí muchísimo y como persona es excelente. Es más, gracias a él conseguí irme a Brasil, hacer una prueba en Santa André y entrenar todos los días al tope.

– ¿Cuál fue el momento dónde sentiste que habías alcanzado la plenitud deportiva?

– Plenitud deportiva depende, hubo varias, te explico: en el ’97/’98 estaba físicamente hecho un animal. En el Panamericano del ’98 era goleador de la Liga Brasilera, pesaba 92 kg y estaba recontra bien entrenado, todo lo que tiraba era gol (es una manera de decir), estaba muy fino en el lanzamiento, muy fuerte, muy bien de la cabeza. Esa fue una muy buena etapa. Después, en el 2003, y entre 2004 y 2007, fueron buenos momentos. Sobre el final de mi carrera estaba un poco más cansado pero con otro estilo de juego.

– ¿Qué técnicos y qué jugadores te nutrieron en tu carrera?

– Técnicos me nutrieron todos. Desde el primero, Cacho Rothmund, que fue quien me llevó a jugar, armaba muy buenos grupos, siempre juntos, la verdad un fenómeno. Después tuve muy buenos entrenadores desde Menéndez, también Cocho hizo su parte, después estuve con el cubano Mara, el técnico de Suecia que había sido Dt de Japón ’97, Edison de Brasil, Pastor, Manolo… Ufff muchos y de alta calidad. A Talant Dujshebaev, del Ciudad Real, que era un muy buen técnico, y en Rusia a Maximov, que llegó a ser tres veces Campeón Olímpico. Si llegué a ser un buen jugador fue gracias a los muy buenos entrenadores que tuve y a todo lo que apostaron por mí, y me ayudaron.

#Entrevista2 Eric Gull
Eric Gull junto a su hermano en Quilmes

– ¿Pensaste en dirigir o supervisar un proyecto dentro del handball?

– Sí, pensé en supervisar y lo hice un poquito en Quilmes. En la Selección también me hubiera gustado acompañar pero para hacerlo bien hay que dedicarle mucho tiempo. No se puede estar solamente un poquito y esperar que las cosas funcionen. En la Selección, sí estuve convidado, pero yo no tenía el tiempo. Cruzar la Capital me mataba, me fastidiaba. No podía ser que perdiera tres horas y media, entre ida y vuelta, y ya tenía mis empresas. Había armado SG de Quilmes, ahora también en Solano. Y lógicamente por un tema de familia, a la que priorizo antes que estar lejos de casa. Cuando fui a la Selección implicó muchas cosas: estar 15 días afuera cinco veces al año, entrenar todas las noches, en el fin de semana por ahí no poder ver a mis hijos. Opté por no seguir ese camino y disfrutar de mi familia. Con respecto al proyecto en el club, tenía uno diferente, hacer una base de formación, que está más o menos armada, pero me hubiera gustado que se avance mucho más. La sub-comisión lo está haciendo bien, pero por diferencias de ideas, conceptos, realidades, me di cuenta que no era viable hacerlo, y preferí dar un paso al costado. Actualmente estoy viendo otras cosas, y disfrutando otro momento de mi vida.

– ¿Qué diferencias encontrás en el juego actual con respecto a tus comienzos?

– Lo noto mucho más rápido y dinámico, tal vez más físico y menos pensante. Más reactivo, que está bien que pase, los jugadores tienen que decidir cómo reaccionar a la situación que le ofrece el rival. Muchas fijaciones, mucha presión defensiva.  Y después las cuatro fases de juego simples, o sea la subida y el contraataque deben ser súper rápidas, el retroceso ofensivo es más importante que el contraataque diría. Además, los distintos tipos de defensa mejoraron, cómo se cierra en zona de balón, cómo se cierran a los jugadores para que no puedan pasar y decidir tan fácil. Lo último que vi, es la velocidad en el juego.

– ¿Cómo ves la evolución de la Selección?

– Bien, bien, bien. Creo que Dady (Gallardo) hizo un trabajo fantástico en su momento, cuando llevó a la Selección a los Juegos Olímpicos por primera vez, y nos llevó a estar bien parados en el último Mundial. Creo que la llegada de Manolo le dio otro empuje, otro enfoque. Manolo es muy intenso, y eso genera y contagia, y lleva, lleva y lleva a un trabajo intenso. Le gusta jugar con gente de talla más potente. Hizo un muy buen trabajo; lamentablemente se va a Bielorrusia, no sé qué nos va a deparar el destino: es un tema de los dirigentes que se ocupan de la Selección. Creo que hemos crecido, que tenemos un presente bueno, pero un futuro muchísimo mejor.

– ¿Qué necesita Argentina para instalarse, de manera definitiva, como potencia en el handball, a nivel internacional?

– ¡No es 2 + 2, eh! Se está haciendo algo de Prohand que me gusta, se está convocando a selecciones, se están captando jugadores. Quizás se tendría que ser más específico, haciendo una captación masiva buena, para después realmente seleccionar. Me gustaría que los chicos tuvieran un lugar como teníamos nosotros, un lugar donde concentrar, y poder entrenar todos los días doble o triple turno. Me encantaría que tengan la beca deportiva, que algunos la tienen, y también una beca universitaria. No te diría 50 ni 40 jugadores, pero por ahí 20 al final como para que esos se dediquen exclusivamente a la Selección y a estudiar. ¿Por qué estudiar? Porque considero que no todos tienen la suerte de vivir del handball. Si te llega a pasar algo y te lesionás, te quedás con un título que te pueda dar de comer el resto de tu vida. Los jugadores con la pasión de jugar (que tiene que existir) no pueden no tener preparado un camino laboral para después del handball, porque es el futuro de ellos. La Selección son 5, 10, 15 años, la vida es mucho mas que ese tiempo.

– Perteneciste a la generación que hizo punta en la historia de nuestro handball. ¿Cómo viviste eso?

– Todas las selecciones tuvieron su momento de crecimiento, en la medida que se podía y con las situaciones en que se encontraba cada una. Cuando yo estuve hubo una evolución que nos llevó a pelearle cara a cara en algunos partidos a equipos europeos. Todavía sigue pasando que está esa brecha del 12 o 13, pero creo que vamos a ir superando eso, porque veo gente que tiene potencial y vamos a llegar concretar ese nivel. En cuanto a la etapa que me tocó a mí yo la disfruté a tope, con mis compañeros, el cuerpo técnico, médico, preparador físico. Todos pusimos todo al entrar a una cancha, y dejar lo mejor para lograr el objetivo, que a veces alcanzamos y otras no.

– Eric, te has ganado el respeto y el reconocimiento de la gente, al punto de ser considerado el mejor jugador de handball argentino de la historia. ¿Contame qué se siente?

– Siempre intenté jugar bien, dar lo máximo, pero hay que destacar el papel que juega el estado de ánimo. Uno cuando vive afuera, está lejos de los que quiere, de su familia, se casan amigos, primos. Pasan cosas dentro de la familia, ocurre la partida de un familiar, uno está lejos, y los estados de ánimo cambian, cambian y mucho. Cuando uno está contento y las cosas están bien, viene el buen rendimiento. Cuando a uno no le sale nada, es difícil. A mí, muchas veces, me vino bien jugar en la Selección para levantar el ánimo porque por ahí en el club donde recién había empezado me costaba adaptarme al juego del equipo los primeros meses, después generalmente me ha ido muy bien. Quería llegar y aprender todo el sistema en una práctica y no se puede. Aprendí que todo es un proceso. El reconocimiento de la gente me da pudor, todavía me pongo colorado, supongo que es una característica de mi forma de ser. Pero también me pone contento y orgulloso, lo tomo como algo que me tocó, a través de jugar bien y poder destacarme. Más allá de que te reconozcan y saluden, que es muy lindo, lo que desearía es ver a la Argentina entre los mejores ocho del mundo. Es un objetivo que tengo en mi mente. Cada vez que a Diego Simonet le va bien, que es un referente, como cada vez que Argentina gana un partido importante, me emociono.

– ¿Un deseo para el club de toda la vida?

– Para mi club, Alemán de Quilmes, que sigamos creciendo, que hay que invertir mucho en la formación. Que tenemos que seguir siendo un club de referencia. Se está trabajando bien, se han puesto preparadores físicos en todas las categorías, se ha conseguido tener un nutricionista, mejorar sistema de pesas, técnica y video. Tenemos que mejorar y no conformarnos.

¡¡Gracias enormes, Eric!!