Nuestro superhéroe

Diego Simonet volvió a entrar al Lanxess Arena solo. En su espalda, a modo de capa, ondeaba la bandera argentina. Probablemente no hubo ni habrá una mejor imagen para explicar cómo vemos hoy al Chino por estos lados: es nuestro superhéroe.

Cientos de chicos que mañana irán a entrenar a un playón bajo este frío de mayo, hoy lo vieron con la admiración con la que se mira a un crack. Y él lo sabe. Por eso manda un mensaje tan valioso como el trofeo de Champions que acaba de levantar: “Espero que esto sirva para que muchos jóvenes en Argentina sigan practicando el handball y no se den por vencidos, mismo si se van afuera y la pasan mal. Es jodido, a todos nos pasó y nos pasa. Espero que esto haya servido mucho para el handball argentino”.

Cientos de grandes que luchan todos los días contra las falencias estructurales de nuestro deporte sienten un nudo gigante en la garganta cuando lo escuchan. Y los ojos se empañan de lágrimas cuando lo ven levantar el premio de mejor jugador del Final Four. Muchos no lo entenderán, porque cruzando el charco Diego Simonet es uno de los mejores centrales del mundo y esta coronación parecería una consecuencia casi lógica en su meteórica carrera. Pero acá, de este lado, el hermano del medio es el Chino, el hijo de papá Luis y mamá Alicia, ese que usa la 6 en la Selección porque sabe que la 4 es de Sebastián, ese que nunca niega un autógrafo o una foto y siempre está con una sonrisa.

Mientras las lágrimas dejan de ser una amenaza para convertirse en realidad, seguramente vendrá a la memoria la fatídica lesión que lo dejó afuera de los Juegos Olímpicos de Río 2016. Ojalá hubiéramos sabido lo que el destino le tenía reservado para digerir mejor el mal trago…

Lejos de sentarse a descansar después de una temporada agotadora, nuestro mejor representante se subirá a un avión para llegar a la altura de Cochabamba y volver a vestir la Celeste y Blanca en busca de comenzar a andar el camino hacia un nuevo Juego Olímpico. A la par, jugadores, dirigentes y amantes del handball deberíamos esforzarnos para aprovechar este momento de máxima exposición. Muchos trabajan todos los días para eso, como aquellos que lograron llevar esta final de Champions a la TV, dándole una difusión extraordinaria. De otros necesitamos y esperamos un poco más.

Por lo pronto, la próxima vez que no sepas si vale la pena todo el esfuerzo que le metés diariamente al handball, escuchalo al Chino: “Un argentino MVP no entra en la cabeza de nadie”. No, pero pasó. Y eso solo ya nos alcanza para creer que con trabajo, talento y esfuerzo no hay imposibles, por más obstáculos que nos ponga el camino. Gracias, Diego, por ser nuestro superhéroe.

Stefanía León

Tesista de Ciencias de la Comunicación en U.B.A. y jugadora de Handball en la Municipalidad de San Miguel. Obsesiva de las redes sociales, buscando innovar siempre. Ex C5N y abriendo camino en A.F.A.