No puede seguir así

La cantidad de discusiones notorias en el balonmano argentino preocupa y evita que el deporte avance continuamente.  

Hay un tema en el ambiente del handball argentino, o al menos metropolitano, que me preocupa: cada vez más y más se está “futbolizando”, convirtiendo el aliento a los equipos en quejas e insultos constantes. Esto es algo que no se debería ver en un deporte que día a día trata de crecer a costa de muchos sacrificios.

No sólo lo digo por los incidentes del pasado fin de semana: ya sea en Dorrego-Ward, donde hubo cantos dedicados al adversario o a los árbitros, e incluso entredichos con los jugadores, o en el partido televisado de la Liga de Honor Caballeros entre Unlu y Ferro, donde viví en carne propia cómo se generó una tensión que tuvo su punto cúlmine con la discusión entre hinchadas e integrantes de los planteles. Me refiero también a otras oportunidades: padres que les gritan a chicos que van a divertirse en categorías de formación, gestos a la tribuna en medio de un partido, ofensas verbales entre jugadores, manotazos de más, peleas vía redes sociales, etc…

Con esto no quiero decir que el folklore esté mal, pero éste refiere a la persona que apoya a sus respectivos colores, que ayuda a una competitividad sana y al crecimiento de un deporte al que todos queremos ver llegar lo más alto posible. Sin embargo, sí me parece que hay un límite. No puede ser que un aficionado se enoje o se llene de ira por alguna situación y se descargue en un altercado con otro sujeto. Y mucho menos que un jugador reaccione de mala manera y entre al juego de la disputa. Este último debe entender que es un referente para los chicos, para las personas que ven el balonmano argentino desde afuera y para todos aquellos que deseamos apostar por nuestro handball.

Para ello hay que pensar un poco antes de actuar, parar la pelota, bajar un cambio, relajarnos, que cada lector lo llame como quiera, pero que entienda que esta tendencia no puede seguir creciendo. No se debería sobrepasar esa delgada línea entre deportividad sana y la que puede generar caos porque, por más pequeño que sea el inconveniente, siempre es lamentable.

No es algo que uno solo pueda cambiar, pero sí creo que es algo por lo que podemos trabajar todos y espero que con esta nota pueda generar cierto grado de conciencia para replantearnos qué estamos haciendo mal. Si realmente queremos que el deporte continúe o no por este camino y aprender de nuestros errores para no volverlos a repetir ni retroceder varios pasos. La próxima vez que estés a punto de lanzar un insulto a un jugador, a un árbitro, a la hinchada, tomate diez segundos para pensar si eso suma o resta.