Que no quepa Duda

Cochabamba 2018 dejó un objetivo cumplido para La Garra: el podio sudamericano y el pasaje al Panamericano de Lima 2019. Pero también mostró una realidad: Brasil (sin su mejor jugadora) está aún muy lejos.

 

En la historia, cuando se analiza el proceso de invención de algún artefacto o cuando se estudia un hecho político o social, siempre se hace mucho énfasis en el contexto que rodea al acontecimiento en particular. La teoría afirma que ese hecho es imposible de entender correctamente sin las circunstancias. Y este incómodo torneo sudamericano también necesita ser puesto en contexto para no juzgar a nadie injustamente.

Primero que nada, la altura. Eduardo Peruchena y su cuerpo técnico han hecho todo lo que estaba a su alcance para que los más de 2500 metros de altura no afectaran a sus dirigidas. La mayoría ha respondido bien, pero esto nos lleva al segundo punto: la competencia continua. Argentina jugó cinco partidos en cinco días. Claro, varios argumentarán que dos de esos partidos han tenido una oposición casi nula: ni Bolivia ni Perú son rivales para las albicelestes. Pero el desgaste está presente de igual forma. Y eso nos lleva a otro factor más: las dificultades para reunir a todo el grupo. Hace no mucho eran pocas las jugadores que se desempeñaban en el exterior del país. Hoy las cosas cambiaron y cada vez más jóvenes apuestan a desarrollar su juego del otro lado del charco, buscando un salto de calidad a cambio de mucho sacrificio. Los Juegos Suramericanos no tienen en cuenta el calendario europeo, por lo que jugadoras como Marisol Carratú, Luciana Mendoza y Rosario Urban han llegado el mismo día de inicio de la competencia, sin posibilidad de aclimatarse ni trabajar previamente con el equipo. Por último, no podemos pasar por alto tres grandes ausencias, muy importantes para este equipo: Luciana Salvadó, Antonela Mena y Elke Karsten.

Aclarado todo esto, es probable que la de ayer no haya sido la mejor versión de La Garra y que sobren argumentos para explicar el porqué. El objetivo estaba más que cumplido, es cierto, pero también es cierto que si la ilusión del grupo es volver a jugar en la máxima cita del deporte olímpico hay que ganarle a Brasil. Como sea.

Focalizándonos en esto, y sabiendo que hay mucho tiempo para trabajar, ¿qué falló ayer?

De lo particular a lo general, lo primero que salta a la vista es la falla en la definición. Argentina generó muchas ocasiones de gol (especialmente en el segundo tiempo), pero erró de frente al arco, con la figura de Bárbara Arenhart agrandándose más y más. Para colmo, tampoco hubo suerte en los penales: Gabriela atajó cada vez que ingresó desde el banco.

Otro punto a corregir serán las pérdidas de balón, muchas de ellas seguramente generadas por la falta de oxígeno y lo demandante que resulta jugar ante Brasil, un equipo que te obliga a estar atento permanentemente. La Garra deberá trabajar pensando en aprovechar todas y cada una de las pelotas, sin regalar nada. Más aún si la decisión es utilizar al séptimo jugador en ataque: se han culminado varias fases ofensivas sin aprovechar la superioridad numérica que se busca generar con ello.

Saliendo del plano técnico/táctico, Argentina necesita apoyo. Y no, no nos referimos a mensajes en redes sociales ni muestras de cariño. Apoyo dirigencial, a sus jugadoras y al cuerpo técnico, gente que vive trabajando para que el handball argentino mejore. La gira que venía realizando anualmente La Garra en Hungría era más que importante para poder trabajar y medirse ante rivales más fuertes. Era una manera de llegar mejor plantado a los compromisos por los puntos. Ojalá eso, como tantas otras cosas, pueda reconsiderarse. Ni hablar de buscar soluciones para que las jugadoras del Interior del país, como Macarena Sans o Giuliana Gavilán, no tengan que ir y venir de sus provincias todas las semanas.

Que no quepa duda que el próximo desafío en el camino olímpico de Argentina será muy complicado. Durante años, Brasil ha destinado muchos más recursos que nuestro país a la formación de jugadoras y hoy sigue viendo sus frutos, no sólo en jugadoras consagradas como Duda o en Barbara, sino, por ejemplo, en una joven como Bruna De Paula. La verdeamarelha no está pasando un gran momento dirigencial, es de público conocimiento, pero sus jugadoras se han visto alentadas a progresar en Europa porque también tenían el apoyo para hacerlo. Por estos pagos, todo depende de las ganas y las posibilidades que tengan cada una de las nuestras. Cada vez son más las que se animan, pero no siempre tenemos en cuenta la contracara de eso: todo lo que esas chicas dejan cada vez que se suben al avión, los miedos que quedan atrás y las inseguridades futuras. La recompensa se va a ver, tarde o temprano. Y La Garra, sabemos, nunca va faltar.

A festejar la medalla de plata y dar vuelta la hoja.

 

Stefanía León

Tesista de Ciencias de la Comunicación en U.B.A. y jugadora de Handball en la Municipalidad de San Miguel. Obsesiva de las redes sociales, buscando innovar siempre. Ex C5N y abriendo camino en A.F.A.