Felipe Barrientos: “Soy un portero histórico” 

El mítico arquero de la Selección de Chile charló en exclusiva con Das Handball en el Centro de Entrenamiento Olímpico de Santiago de Chile.

-¿Cómo fueron tus inicios en el handball?

 -Comencé normal, como cualquier niñito, en el taller del colegio. Mi profesor en la Escuela Italiana era Claudio Lira, el segundo entrenador en la selección adulta. Si bien era el típico niño que hacía todos los deportes y al que todos los profesores de los talleres pedían, el balonmano era una oportunidad para hacer un deporte en serio porque se encontraba Claudio y se apuntaba a algo serio.

 -¿Jugaste en otra posición antes de atajar? ¿Por qué te decidiste por el arco?

 -En la categoría mini me di cuenta que el portero era muy importante, en los torneos escolares jugaba un tiempo en el arco y un tiempo en campo. Cuando jugaba en el arco teníamos muchas oportunidades de ganar porque no me hacían muchos goles y mi equipo era capaz de meterlos. Como jugador metía un par de goles que no eran muy significantes. Eso me llevó al arco, y claro, la historia se proyectó y uno se empieza a hacer la película.

 -¿Siempre jugaste en Club Italiano?

 -Si, en Chile siempre en el Club Italiano. Tuve una pasada por Brasil, en el Guarulhos en el 2002 y una pasada por el Balonmano Castillón de España en el 2005.

 -¿Qué diferencia viste en Brasil y España con el handball chileno?

 -Son tantas las diferencias que te lo resumo en que no hay punto de comparación, estamos en otra dimensión. El nivel del balonmano europeo y brasilero, como estructura, como competencia, como equipo, como clubes, nos sacan años luz. Para ser súper franco: lo que hace la selección chilena no es reflejo del balonmano nacional sino que va por sobre  él. Si nosotros fuéramos su reflejo, no estaríamos donde estamos. El haber pasado por ahí tan joven, a los 18 o 20 años, es donde hace el click y cambias un poco la mirada: ves que hay gente que si se dedica al balonmano, que si vive de él y, si no lo hace, se lo toma muy en serio. En ese sentido decís “si allá se puede, acá en Chile también”; más allá de las dificultades.

 -¿Cuánto tiempo tuviste de estadía en Brasil y en España?

 -Lo que alcanza una temporada serán ocho meses. A Brasil no llegué al principio de la temporada, llegué un poquito pasado porque fue una oferta después de un sudamericano. Seis u ocho meses y en España, diez meses. En esos tramos, nunca es recta la estadía porque vas a la selección, en esa época tuve un Mundial Junior. El tiempo completo da diez meses.

 -¿Cómo fueron tus inicios en la selección chilena?

 -En esa época existía una escuelita para jugadores de infantiles, en Argentina infantiles es menores, y primer año de cadetes. En la escuelita pasaban los jugadores de segundo año de cadetes a la selección; pero yo me salteé la escuelita porque me lo propusieron, era la escuelita para ganar experiencia o la selección. Yo me la jugué directo, el primer año no quedo porque era el más pequeño del equipo pero ese año, 1999, me sirvió para ganar experiencia y en el 2000 ya pasaron los porteros categoría ’83 y quedo yo como categoría ’84 en la selección y me hago parte importante. En esa época se jugó el Sudamericano en Viña, que lo ganamos, Argentina fue representado por Ballester, Brasil por Pinheiros y los otros países por su selecciones y lo ganamos. Ahí llega a Chile Enrique Menéndez, que hizo un recambio generacional tomando a este equipo, también estaba Fernando Capurro que justo se va por una oferta que le salió en Argentina. Con Enrique, el tema del colegio y la vida personal pasa a segundo plano, transformándose el balonmano en lo primero.

 -¿Qué te enseñó Fernando Capurro? ¿Qué te dejó marcado?

 -Fernando nos hizo jugar balonmano. Cuando él llegó en el año 2010, recogió el trabajo de Enrique Menéndez, con el que Chile clasificó por primera vez a un Mundial en Hungría 2005, que nos hizo conocer el balonmano de verdad; Fernando toma eso y nos hace jugar al balonmano de verdad. Me acuerdo de los ODESUR 2010, cuando se nos caían balones, Fernando se volvía loco por nosotros mismos y nos tuvo rigor en los entrenamientos, con una carga física altísima de la mano de Roberto Garcés. Fernando dejó una base solida, en las categorías formativas y adulta, destaco su trabajo a futuro y, en lo personal, una gran amistad, un ejemplo para mí que estoy haciendo el camino de entrenador, es un ejemplo a seguir y una gran persona.

 Teniendo en cuenta que, con Capurro, la selección de Chile sufrió una etapa conflictiva, en la cual renunciaron los hermanos Feuchtmann, Patricio Martínez y Víctor Donoso: ¿sentís que esa pelea perjudicó al crecimiento del handball chileno o no?

 -Mira, creo que esa fractura que sufrimos en el año 2013 perjudicó a los resultados de la selección adulta. Obviamente que nuestro nivel con los Feuchtmann, Pato Martínez y Donoso subía, es innegable; pero creo que esa fractura ayudó al desarrollo del balonmano chileno. ¿Por qué? Porque, si no fuera por esa fractura, no tendríamos el nivel que tienen hoy en día ni Ceballos, ni Frelijj, ni Salinas chico, ni Baeza, no tendríamos a Moll, todos jugando en el extranjero, menos Baeza, y también Diego Reyes. Se hubiese producido un tapón para los más jóvenes, lo cual, y por qué digo que fue algo beneficioso: cuando Mateo llega y se le abre el abanico, él no tiene que formar jugadores, se encuentra con un equipo más completo. Por ejemplo, un detalle: Frelijj y Caniú, un zurdo, el Mundial de España 2013 lo vieron por internet y, dos años después, estaban jugando en Qatar; eso habla del trabajo que hizo Fernando y los formó, Actualmente los dos siguen en el equipo y aportan. Ceballos en 2013 jugaba en Chile y ahora juega en ASOBAL, Esteban Salinas jugaba en el equipo B de Torrevieja y ahora juega en ASOBAL. Claramente si no pasaba esa fractura, Capurro no les daba ese tiraje de buena manera, podría haber sido la perdición, podríamos haber pasado del tercer al quinto o sexto lugar y se pierde el balonmano chileno. Trabajó con gente joven, hizo recambio, logró mantener los resultados y esa responsabilidad le pasó a Mateo, ha logrado mejorar, mejoró los rankings mundial y panamericano. La fractura ayudó al desarrollo del balonmano, gracias a que estaba Fernando.

 -¿Qué les dio Mateo Garralda? Sea como grupo, como jugadores de forma individual o como personas.

 -Mateo te entrega una intensidad que, la verdad, no vi en otros entrenadores. Es alguien demasiado intenso, lleva tus posibilidades al máximo. Si bien todos los entrenadores te piden que des el máximo, por lo general queda en un refrán; Mateo te lleva al máximo. No hay segundo, especialmente en los momentos de competencia, que estemos relajados. Eso a gente le puede caer mal o no, el grupo respondió y fue más allá. En Mateo destaco la intensidad, la forma en la que te reta, en la que te mira, con solo estar ahí te lleva a dar un paso adelante. Y ni que hablar con su experiencia y lo que pesa a nivel internacional, todo reclamo que hace lo toleran más que con otros entrenadores, le saca la presión a los jugadores de estar peleando con los árbitros. Le da un plus al equipo a nivel internacional.

 ¿Qué sentís que le faltó a Chile para estar entre los 16 seleccionados del mundo?

 -Yo creo que nos faltó un poquito más de experiencia, esto hay que vivirlo antes que resulte. Me acuerdo que antes de lograr el bronce panamericano perdimos tres o cuatro, es algo que le pasa a todos, incluso a Argentina en el 2003, que le ganó a Croacia, le empató a Rusia y perdió con Arabia Saudita y quedan fuera. Es normal que nos haya pasado, obviamente que queríamos lograr lo inimaginable; si lo analizas fríamente, haberle ganado a Bielorrusia, a Japón, que había contratado a Antonio Ortega como entrenador y ahora a Dagur Sigurdsson, y a Bahréin, que tiene un presupuesto mayor que el nuestro, se asemeja a la típica de “David contra Goliat” o hacer un “Jamaica Bajo Cero”, cosas que nadie espera. Para el mundo del handball era Chile último, normal, último. Hay que hacer paso a paso, queda camino por recorrer, a los jóvenes les queda meta, habernos metido en los 16 hubiese sido un sueño pero deja ese bichito que necesitas para seguir mejorando.

 -Teniendo en cuenta el futuro ¿El Panamericano de Groenlandia 2018 y el Mundial de Alemania y Dinamarca 2019 serían tus últimos torneos?

 -La verdad que quiero hacer carrera como entrenador, esa es mi ilusión máxima en este momento, llevo cuatro o cinco años perfeccionándome y preparándome para el cambio de rol. Voy año a año. Me queda una conversación con Mateo, él sabe que mi disposición está siempre en cooperar con el equipo. Mi intención es que el relevo en la portería se haga lentamente, René Oliva y a Felipe García se les está dando mucha confianza, digamos que no sé cuándo va a ser mi salida de la selección, pero si sé que será algo programado con el cuerpo técnico y con mi carrera como entrenador.

 -¿Cómo se está preparando el Club Italiano de cara a una posible participación en el Panamericano de Clubes?

 -Nuestro objetivo máximo es la formación, si bien en la categoría adulta ponemos atención, nuestro objetivo es formar deportistas y darles proyección; como me lo inculcó Enrique Menéndez, gracias a esto, actualmente tengo seis jugadoras en Europa. Ahora bien, el conjunto adulto se entrena tres veces por semana, muchos de los jugadores hacen proceso de preselección y se complementan, y si nos toca participar del Panamericano, iremos a muerte como siempre. Quedamos segundos en la Liga, llevamos diez años jugando la final de la Liga, pero nuestra prioridad es la base.

 -¿Qué categorías femeninas tenés en el Club Italiano?

 -Yo manejo desde menores a juvenil y también soy el segundo entrenador de los equipos adultos, Claudio Lira maneja los dos equipos adultos de damas.

 -El año pasado estuvieron de gira compitiendo en Dinamarca y Suecia, ganando la Dronninglund Cup con las chicas ¿Qué enseñanzas te dejaron estas competiciones?

 -La verdad que el proceso que se hace con las cadetes es fundamental para nuestro desarrollo. Esto nace en el año 2011 cuando fuimos al Mundial de Suecia, yo conozco gente que me explicó como era el torneo, se generó una amistad y los mismos suecos nos ayudan para que el viaje se haga, una parte económica la ponen las familias, la otra la pone gente de Suecia. Es paradójico esto porque los suecos nos ayudan a evolucionar y el chileno todavía no cree en el balonmano. Esto es fundamental para el desarrollo, que un deportista, a los 15 y 16 años, se encuentre con la realidad del balonmano: que le saquen dos o tres cabezas, que sean igual de rápidos que tú; pero también es cierto que el europeo en general, a esa edad, se lo toma con más calma, los jugadores no están totalmente desarrollados y eso nos hace pelear al mismo nivel, lo que hace posible ganar un torneo. Yo no sé, y quizás me puedo abrir a otros deportes, pero en Chile que equipo de un deporte va a Europa y gana un torneo; y más teniendo en consideración que en Dinamarca compitieron 30 equipos, jugó el Nantes, Viborg, estaba el Kiel, se te va abriendo el mundo al ver normales a esos equipos. Jugar 20 partidos de ese nivel son fundamentales para el crecimiento, son clases magistrales de balonmano. Por ese torneo, Francisca Parra y otra chica más fueron al Aix francés. Se abren oportunidades. 

-Fuera del handball, ¿qué es de la vida de Felipe Barrientos?

 -No hay mucho más, soy soltero, no tengo familia, todavía vivo con mi madre, solo enseño y juego balonmano. Mis momentos libres, que no son muchos, los invierto con amigos, trato de descansar; ya que entre las facetas de jugador y entrenador se me va todo. Cuando uno escucha “el balonmano es mi vida”, en este caso es literal, espero poder llegar donde quiero: estar arriba como entrenador porque como jugador estoy llegando a mi límite, pero haber quedado rankeado como arquero Nº11 en el mundial, y desde la liga chilena, me obliga a dar el 150% siempre. Intenté estudiar educación física en la Universidad de Valparaíso, pero lo dejé en tercero o cuarto año, cuando entramos en la dinámica de los mundiales, y no sé si lo retome. Estoy haciendo el curso de entrenador en España, en junio voy para terminarlo y soy contratable a cualquier nivel en toda Europa, menos en Francia porque tienen su propia legislación de entrenadores. Me encanta la música, tengo elementos de disc-jockey, tengo todos los instrumentos y aparatos en mi casa, practico, me ha tocado regalarle fiestas para 200 personas a mis amigos; la faceta del DJ libera las tensiones del balonmano, aunque mi vida sea un 90% handball y 10% música.

 -¿Te imaginas al handball chileno en Tokio?

 -Me lo imagino. Tenía una leve esperanza con Brasil que parecía que apostaba con Washington Nunes para este ciclo olímpico pero, parece, que apostarán por un entrenador europeo y eso nos pone la vara más alta tanto a Chile como a Argentina. Creo que con Nunes, si bien trabajó con Jordi Ribera y que está altamente capacitado, se iban a estancar un poco; si fichan un entrenador de elite mundial, se pone todo más complicado. Ahora, en Argentina la ida de Dady Gallardo es un hecho y el equipo que tome el nuevo entrenador será diferente al que jugó en Londres o en Suecia, quién tome el equipo deberá a meter mano en los jóvenes. Mientras que nosotros mantenemos la base, Marco Oneto y Emil Feuchtmann son los únicos que cambiarían por edad, pero ellos siguen vigentes en Europa. Los jóvenes seguirán creciendo y creo que vamos a llegar en nuestro mejor momento de la historia a los Juegos Panamericanos de Lima.

 -¿Quién es Felipe Barrientos?

 -Una persona esforzada del handball, llevar tantos años en la portería chilena me ha transformado en un histórico, estoy súper orgulloso de haberlo conseguido. Es un ayudante de la evolución del handball de Chile, mi ilusión es ayudar a que esto mejore, a que los jóvenes tengan mejores oportunidades que nosotros y que no tengan que pelearla como la peleamos nosotros, que su lucha sea dentro de la cancha de balonmano y no fuera. Yo tuve que llorarle a la mitad de los que se me cruzaron para pedirles una oportunidad porque no eramos nada y yo no era nadie. Ahora mismo están creyendo en nosotros. Felipe Barrientos es el portero histórico de la selección y un servidor del handball en general.

Lucas Thiele

Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.